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miércoles, 11 de junio de 2014

DIA 55 - MELANCOLIA



Vivo en el número siete, calle Melancolía. Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría. Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía y en la escalera me siento a silbar mi melodía. – Joaquín Sabina

La melancolía es la felicidad de estar triste. Victor Hugo

La melancolía muchas veces es mi compañera, tal vez ha sido mi eterna dama de compañía.  Es para mi una emoción o un estado de ánimo que me remite a mirar un poco dentro de mi, y a reflexionar mucho, sobre todo lo que las situaciones a mi alrededor provocan en mí.

Me gusta porque no llega necesariamente a convertirse en tristeza, es como estar en un límite muy sutil, pero no terminas por llegar, te mantiene justo en un punto en donde todavía puedes sentirte fuerte, y de alguna manera claro, y sobre todo puedes estar en contacto directo con toda tu fragilidad.

Me ponen melancólica muchas cosas, antes intentaba entender por qué y trataba de sobreponerme como si fuese una rara enfermedad, desde hace tiempo ya no lo hago, me doy mis tiempos y la abrazo, y también la disfruto porque es además una gran parte de mi, la más sensible, la que tal vez me abre los ojos a la realidad.

Mi trabajo me ayuda a ser melancólica, el escuchar historias, dolores, alegrías, tristezas, de alguna manera me disponen mas a la naturaleza del ser humano y de pronto me encuentro derramando una lágrima por alguien que tal vez ni siquiera piensa en mí, o tal vez ya ni me recuerde, pero su historia, ha dejado en mi una huella que ha levantado mi espíritu, porque lo hace más sensible, más humano, más libre.

No se qué pasará con mi melancolía con el paso del tiempo, el cansancio de la vida me tiene a veces muy fatigada, pero intento no estar triste, y me refugio en mi amada melancolía.
Ayer estaba sumamente fatigada, como hace rato no me sentía, al grado que no pude escribir el post diario, que llevo ya en una hermosa disciplina de 55 días ininterrumpidos, pero ayer tuve 6 pacientes, estuve de 3 a 9.30 en el consultorio, y cada historia ha sido muy particular, grande para mí, eternas para el mundo, y sublimes para la realidad.  Y esto agota, cansa, aunque para mi es apasionante. Y lo mejor de todo las palabras de un peque quien me conmueve enormemente por su sensibilidad, y me dijo: “Te agradezco en serio porque me has ayudado mucho” – En verdad te he ayudado? – “¿No crees en la grandeza de tu trabajo?, claro que me has ayudado mucho mas que nadie”. Y con eso empecé la tarde y fue la batería suficiente para terminar el día. 

Ya tenía la mala noche de la enfermedad de Sofía que tuvo un malestar estomacal, correr para llevarla con la doctora, cancelar algunas citas para quedarme con ella y apapacharla, acompañarla y quedarme a su lado. He dormido como hace mucho no lo hacía, agotada pero feliz, y hoy me levante no se si descansada o agotada ahora de tanto descansar, pero con mucha serenidad, y aquí estoy de nuevo frente a las teclas intentando plasmar en palabras cualquier cosa que pudiera estar pasando por mi cabeza y sobre todo en mi corazón.

Las crisis con respecto al instituto, al trabajo siguen ahí, mucho más claras, pero ahí están, intento no darme por vencida y continuar hasta que mi espíritu me lo permita, acompañada por la melancolía que me da para mucho más, aunque no se, si a veces la alegría es suficiente tentación para abandonarla…

Hoy la melancolía me inspira, estoy diseñando unos talleres de filosofía para niños y dando los últimos retoques a mi modelo Ágora, para retomarlo en Agosto nuevamente.  Tengo en planes un Diplomado de Filosofía en el Instituto, pero quiero modificarlo para hacerlo más interesante.  Asi que hoy mis letras estarán un poco limitadas, por que el trabajo me llama y no puedo dejarlo esperar. 

El Instituto recobra vida y eso me dice algo, justo cuando estuve a punto de tomar una decisión drástica con respecto a él, creo que más bien, tengo que empezar de nuevo pero con una mirada y una postura muy diferente, pero con el mismo corazón, con la filosofía que hasta ahora la sostiene y que como bien dicen todos, SOY YO, es curioso cuando las personas me dicen: “El instituto eres tu Mariluz”, eso me deja pensando mucho.

Les comparto esta hermosísima canción de Joaquín Sabina acompañado de Serrat, me fascina esta versión en donde habla justamente de mi querida melancolía; y es que justo así me siento, intentando mudarme al barrio de la alegría, pero la melancolía es lo mío, con pequeños paseos al barrio de la alegría, y me sienta bien, me sienta muy, muy bien… y el clima hoy me regala un día nublado, en donde puedo observar desde mi ventana tal vez todo lo que siento y que en palabras nunca podrán alcanzarme, pero el paisaje, mi paisaje lo dice todo, ya mañana seguro, seguro que saldrá el sol…

Hasta Mañana…


 CALLE MELANCOLÍA

 Como quien viaja a lomos de una yegua sombría,
por la ciudad camino, no preguntéis adónde.
Busco acaso un encuentro que me ilumine el día,
y no hallo más que puertas que niegan lo que esconden.
Las chimeneas vierten su vómito de humo
a un cielo cada vez más lejano y más alto.
Por las paredes ocres se desparrama el zumo
de una fruta de sangre crecida en el asfalto.

Ya el campo estará verde, debe ser Primavera,
cruza por mi mirada un tren interminable,
el barrio donde habito no es ninguna pradera,
desolado paisaje de antenas y de cables.
Vivo en el númeor siete, calle Melancolía.
Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría.
Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía
y en la escalera me siento a silbar mi melodía.

Como quien viaja a bordo de un barco enloquecido,
que viene de la noche y va a ninguna parte,
así mis pies descienden la cuesta del olvido,
fatigados de tanto andar sin encontrarte.
Luego, de vuelta a casa, enciendo un cigarrillo,
ordeno mis papeles, resuelvo un crucigrama;
me enfado con las sombras que pueblan los pasillos
y me abrazo a la ausencia que dejas en mi cama.

Trepo por tu recuerdo como una enredadera
que no encuentra ventanas donde agarrarse, soy
esa absurda epidemia que sufren las aceras,
si quieres encontrarme, ya sabes dónde estoy.
Vivo en el númeor siete, calle Melancolía.
Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría.
Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía
y en la escalera me siento a silbar mi melodía





2 comentarios:

Chela dijo...

Bellísima página.
Interesantes tus reflexiones y consideraciones sobre la melancolía, las cuales comparto. Y para remate muy oportuna la canción de Sabina y Serrat, que como siempre cautivan al público.
Abrazos.

Eli Galvan dijo...

Asi es mariluz, la melancolia es la mejor compañera!!!!